top of page

El río trae gente. Reflexiones sobre la defensa del territorio


Fotografías de Sandra Sofia Sanchez Calderón.


Soy activista ambientalista desde que tengo edad para acordarme. Cuando tenía 8 años, mi mamá, la doctora Lina Valadez García, era regidora de Amatlán de los Reyes, municipio de la zona de las altas montañas en Veracruz. Ella se opuso a la construcción de un drenaje que desembocaría en un riachuelo que pasa justo atrás de mi casa, donde solía nadar. Se organizaron protestas con las personas potencialmente afectadas y se logró detener este proyecto. Su lucha daría inicio a la creación de los primeros colectivos ambientalistas y de defensa del territorio de esta región.


En el año 2013, el gobierno de Javier Duarte intentó sacar agua del nacimiento del río Atoyac, uno de los tesoros ecológicos más importantes de la zona de Córdoba y que le da nombre a mi pueblo, Ojo de Agua Grande. Dicha iniciativa se llama “Bandera Blanca” y fue detenida gracias a que cientos de personas de diversas comunidades hicieron un plantón durante 6 meses para impedir la entrada de la maquinaria responsable de la construcción de esta obra. Defensoras y defensores acompañaron día y noche, preparaban comida, organizaban asambleas informativas y sobre todo, ponían el cuerpo para impedir que este proyecto de muerte se llevara a cabo. Y a pesar de que logramos pararlos, sabemos que la codicia por los recursos de nuestro territorio no cesan, por lo que se decidió mantener una estrategia de Campamento Permanente, es decir, que si vuelven a insistir en llevarse agua del río, las comunidades volverían de manera inmediata a plantarse como en aquel momento. Es así como nació la Coordinadora de los Pueblos en Defensa del Río Atoyac.


Han pasado casi 10 años del plantón, y cuando regresé a vivir a mi pueblo quise darme a la tarea de reconstruir la memoria histórica del activismo por la defensa del territorio, pues me parecía de suma importancia no perder los aprendizajes y las vivencias de lucha. Además, fuimos sede del Segundo Encuentro de Defensores del Territorio y la Vida Digna, espacio donde nos dimos cita más de 90 activistas del estado de Veracruz y otras latitudes para intercambiar experiencias y estrategias que nos permitan seguir preservando nuestras culturas y medio ambiente; y por lo tanto, quería explicarles nuestra historia desde una perspectiva común.


Mi compañero Edmundo Reyes, oriundo de Paraje Nuevo, recordó como una radio comunitaria lanzaba promocionales para informar sobre el estado del campamento y las acciones en solidaridad que se llevarían a cabo. La música que le acompañaba, era un son son jarocho que repetía constantemente una frase: “el río trae gente”.





Estas palabras, articularon en nosotras y nosotros una poderosa reflexión. Recordé la famosa premisa del filósofo griego Heráclito, quién comúnmente preguntaba si es posible que una persona pueda cruzar dos veces el mismo río, siendo que la persona cambia y el agua que lleva el río nunca es la misma.


El campamento y el activismo en torno al río Atoyac, generaron lazos de identidad con nuestro pueblo, con nuestro afluente, con el clima, las plantas y los animales. Profundizó nuestro compromiso con el medio ambiente y las perspectivas en torno a la vida en dignidad. Es decir, detonó un proceso de formación política profunda, por lo que nuestras comunidades se transformaron al hacerse agentes protagónicos de la defensa del territorio.


Como personas, también nuestras vidas cambiaron. Mi compañera Sandra Arrillaga, que vivía a escasos metros del plantón, prestó su casa para todo tipo de actividades: para dormir, para cocinar, para que las personas usaran su baño. Recuerda que incluso en algún momento, su sanitario tuvo una fuga producto del uso, y su casa sufrió daños. Su profunda convicción por proteger el río tuvo afectaciones en su hogar, pero sigue comprometida y sin dar un paso atrás.


No, no somos las mismas personas de aquel plantón, ni el río es el mismo de aquel tiempo. Porque sin su gente defendiéndolo, desde aquel momento el afluente hubiera bajado, y en unos años sin dudarlo, dejaría de haber existido.


El río Atoyac existe porque su gente lo defendió.


La noción misma de territorio se construye a partir de la vivencia y transformación, no sólo de un espacio físico, sino también de entornos sociales. Hoy existe un territorio de lucha, de acción colectiva, de enormes retos ante la siempre inminente posibilidad de que los gobiernos miopes intentan reavivar Bandera Blanca. El río vivo alimenta nuestro espíritu combativo, y nos recuerda que hay muchas cosas que merecen la pena ser preservadas: el río, el territorio, el espíritu de lucha y el aprendizaje de los tiempos de hacer frente a la muerte: el río trae gente.






153 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Comentários


Publicar: Blog2_Post
bottom of page